jueves, 12 de junio de 2014

DINERO, CULTURA Y COPA MUNDIAL DE FUTBOLL 2014

FUENTE ORIGINAL: Por Nick Hornby
ESPN.com (EE.UU.)
Desde afuera, la vida de Yaya Touré, el talentoso e increíblemente poderoso centrocampista del Manchester City, parecía dulce mientras celebraba su 31° cumpleaños el 13 de mayo. Su club acababa de ganar el título de la Premier League, y su colaboración había sido inmensa: goles, tacles, ataques, carreras imparables. Estaba a punto de marcharse a Brasil para representar a su país, Costa de Marfil, en la Copa del Mundo. Y apenas estaba en el primer año de un contrato de cuatro años que le paga 200.000 libras por semana.
Sin embargo, las sonrisas que apenas lograba dibujar en su rostro ocultaban un dolor profundo. El primer indicio de la infelicidad de Touré vino de su representante ruso, Dimitri Seluk. "Yaya está muy angustiado, está pensando en dejar el City", dijo Seluk. "Los dueños del club se comieron un pastel de 100kg tras el triunfo en la Premier League, pero cuando ellos y los jugadores estuvieron juntos, ninguno lo saludó por su cumpleaños. Eso demuestra que no se preocupan por él".
Incluso entonces --aún después de que todos nos enteráramos del tamaño de la humillación y del tamaño del pastel de campeonato (y no está claro si el jugador siquiera recibió una tajada)-Yaya increíblemente intentó seguir adelante. "Por favor, no tomen en serio las palabras que no salen de MI boca", dijo en Twitter. "Juzguen mi compromiso con @MCFC por mis actuaciones".
Pero una hora después de este tweet, su moral se había derrumbado, inevitable y comprensiblemente. Después de todo, un hombre solo puede tolerar cierta cantidad de decepción. "Todo lo que Dimitri dijo es verdad", reconoció Touré. "Él habla por mí". Unos días más tarde, Touré dijo en una entrevista que sería "un honor" jugar en el Paris Saint-Germain --casualmente uno de los pocos otros clubes del mundo con bolsillos tan profundos como los de los propietarios del Manchester City-al tiempo que le recordó a la gente que le gustaría terminar su carrera en el Barcelona.
El olor a dinero en torno a esta Copa del Mundo es más desagradable y más molesto que nunca. El periódico británico The Sunday Times actualmente está publicando una serie de artículos extraordinarios acerca de la exitosa búsqueda del Mundial 2022 del pequeño estado de Qatar, rico en petróleo; un clip de YouTube de un gol en contra (anulado) del arquero nigeriano Austin Ejide durante un amistoso previo a la Copa Mundial ha sido una gran atracción para los fans más cínicos. Al momento de escribir esto, había dudas acerca de si el equipo de Camerún siquiera abordaría el avión a Brasil a causa de una discusión sobre los bonos. [El conflicto salarial fue resuelto].
¿Es posible apreciar un deporte cuyos administradores, jugadores y propietarios a veces parecen haberse vuelto locos por las recompensas que ofrece? Tal vez seamos tontos, ingenuos y víctimas del autoengaño, aquellos de nosotros para quienes la Copa del Mundo es un evento que conduce a la gloriosa suspensión de la vida corriente durante casi un mes; ciertamente todos los malos humores y las sospechas hacen que sea difícil proteger el torneo del desprecio de aquellos que detestan el deporte profesional. Pero de cierta manera, todo lo que resulta tan despreciable sobre el juego contemporáneo es un tributo a su poder y su continuo atractivo.
No se puede digitalizar a Yaya Touré y ponerlo en Dropbox, y no se podrá hasta dentro de mucho tiempo. Su talento, motor, fuerza, velocidad y hambre --y con esto me refiero al deseo de victoria más que al deseo de pastel-son únicos, y son lo que hacen que valga tanto dinero.
El valor comercial del fútbol sólo se ha vuelto más necesario debido a su atractivo global -para las empresas de televisión, las marcas, los gobiernos. Los resultados aún son impredecibles; vemos los partidos en vivo porque sigue siendo la forma más rápida de conocer los resultados. Los favoritos todavía tropiezan; los partidos aún se dan vuelta por un momento de brillantez o de incompetencia. Y los torneos tradicionales siguen siendo importantes, por lo cual Qatar se tomó el trabajo y asumió el gasto de obtener la Copa del Mundo 2022 en lugar de, por ejemplo, pagarles a Brasil, España, Argentina y Alemania cientos de millones de libras para que vayan a jugar la Copa Mundial Qatar Petroleum.
Este mes Touré jugará para Costa de Marfil, el país de su nacimiento, en lugar de para el Manchester City. Podría mirar con envidia la sensacional ofensiva de Argentina (Lionel Messi, Ángel Di María, Gonzalo Higuaín y Sergio Agüero) o la defensa de España, pero no hay nada que pueda hacer al respecto; no hay petulancia capaz de forzar un cambio de nacionalidad. Y tendrá 35 años para el próximo torneo, y su capitán amuleto, el ex delantero del Chelsea Didier Drogba, ya tiene 36. Si somos realistas, ésta es su última oportunidad de brillar en la Copa Mundial.
El fútbol de clubes es probablemente mejor que el fútbol internacional en estos momentos -todos los talentos del mundo se han reunido en un puñado de los clubes más ricos del mundo, y el Real Madrid o el Barcelona en su mejor momento probablemente liquidarían a la mayoría de las selecciones nacionales. Una de las peculiaridades extrañas de la globalización es que incluso los equipos nacionales más fuertes se ven obligados a incluir hombres que no juegan con regularidad en sus respectivos equipos profesionales -David Luiz, del Chelsea y nativo de Brasil, sólo jugó la mitad de los partidos de liga de su club la temporada pasada. Esto era impensable hace 20 años. Si un equipo profesional llegaba a tener la suerte de poder solicitar los servicios de un futbolista internacional, lo hacía jugar en todos los partidos que fuesen posibles.
Pero el fútbol de clubes se ha convertido en algo predecible -por lo general, son competencias que ganan los equipos con más dinero. Ninguno de los países que jugará en la Copa del Mundo 2014 parece invencible. Además, si bien el país anfitrión debería ser uno de los favoritos, no tuvo mucha suerte la última vez que el torneo se celebró en Brasil, en 1950, cuando una caída catastrófica hizo que el trofeo terminara en manos de la pequeña República Oriental del Uruguay, una uña en la gigante mano brasileña. (Y hablando de uñas: ¿Quién iba a pensar, por cierto, que la pequeña Bélgica se dirigiría a Río con el talento adecuado en todas las posiciones? Si quieres hacer una apuesta arriesgada, allí es dónde deberías poner tu dinero). Esta vez, Brasil estará preocupado ante la idea de enfrentar a Argentina -y Messi -en la final.
Habrá algunos partidos extraordinarios y algunos juegos terribles. Habrá goles fantásticos, terribles fraudes, dramatismo, escándalo y decisiones arbitrales irrisoriamente malas. Y lo cierto es que valdrá la pena ver todo lo anterior, lo bueno, lo malo y lo feo, porque nadie sabe nada con seguridad. "Cuando fue el cumpleaños de Roberto Carlos, el presidente del equipo ruso, Anzhi, le regaló una Bugatti", dijo el siempre esperanzador Selçuk. La belleza de la Copa del Mundo es que, por el momento, de todos modos, Touré se siente todavía más motivado para sumar tres puntos en su primer partido de la fase de grupos contra Japón el domingo.

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